miércoles, 8 de abril de 2020

Tarde de corridas dentro del ruedo

Tarde de corridas dentro del ruedo

Cano López Calvo 

Primero, número 48, astifino y corretón, en demasía hasta que lo recogió el maestro con lances eficaces. La primera vara la recibió con empuje, inquietando al peto y, sin más, pasamos a los palitroques. Hay que señalar que el toro tenía una cabeza peligrosa, quedándose en el viaje. «El Regio» brindó a la clientela. Con los videos de zoofilia de los derrotes [ llegó a la muleta del palentino, y demasiado hizo con muletearlo, sin perderle la cara, y le aplaudieron. Intercaló vistosos molinetes, sin volver la cara. Cobró media estocada, tres entradas más y el descabello.



Cuarto, número 49, de pinta jabonero, al que lo llevó bien toreado, para reducirle el «gas» que tenía desde su aparición en el albero. No le castigaron con exceso los montados. El espada luchó con el cornúpeta, que no era ninguna «pera en dulce». Pero no por eso se afligió ante el de la piel clara, aplaudiéndole, pues sus pases con la derecha, fueron buenos, ya que no se amilanó. Palmas. Clavó bien el acero, pero tuvo que repetir la suerte. Volvió a matar dos veces más y oyó un recado presidencial.

Ortega Felix

Segundo, número 3, Jabonero. Manejó este diestro de Cartagena, el capote con soltura artística. Palmas. Al jabonero apenas si le hicieron sexo con perros, pero, posiblemente por la aparente falta de fuerza y, a lo mejor, por no manchar su clara piel. Lo banderilleó muy bien, con perfecta reunión. El último par fue ejecutado saliendo del estribo. A/luchas palmas. El morlaco fue a menos pues ya, en el primer pase sobrevino la costalada. Los derechazos fueron rítmicos y mandones. Palmas y música. Vinieron luego los naturales, estupendos, bien logrados, y manoletinas. Más palmas. En la suerte contraria coló el acero, dejando al burel tambaleante, hasta finiquitarlo con el descabello. Petición de la oreja y dos vueltas por el aullo, entre aclamaciones.

Quinto, número 50. El primer puyazo fue seguido del derribo del corcel y del picador. El segundo resultó el último. También el maestro le clavó los garapullos estupendamente y ie aplaudieron con largueza. Manejó bien la muleta, con unos doblones preliminares eficaces. Palmas. Sacó naturales, eso que e4 bicho se quedaba en el viaje. Palmas y música. Prosiguió exhibiendo valor y buenos pases, con rodillazos finales. Logró una gran estocada, pero precisó un certero descabello. Le concedieron una oreja, paseándola por la arena.

Pablo Aguilar 

Tercero, número, 45. Su primer empalme con el jamelgo fue seguido de desplome total. La segunda vara fue acompañada de un fuerte zarandeo del jaco. El morlaco tenía dificultades peligrosas, pues se mostraba topón y con la cabeza como una devanadera. No obstante lo anterior io muleteó muy bien, sin importarle un ardite las tarascadas de la fiera. Ovaciones y música. La segunda serie de pases fue mejor y más temeraria. Lo lanzó por las nubes, a la terminación de un pase, teniendo la suerte de salir indemne del percance. No se afligió por ello y derrochó valor. Dejó una estocada semi-mortal, pero tuvo que descabellarlo. Muchas palmas con salida al tercio del diestro de Casabermeja (Málaga).

Sexto, número 31. Piquer banderilleó muy bien. Comenzó Aguilar su faena muletera al resguardo de las tablas. Salió, sin novedad, de un fuerte achuchón del morlaco. Prosiguió como si nada hubiera pasado, muy valiente. Mató con rapidez y eficacia.




 José Hernández

Nos referimos a este ex alguacilillo a caballo, que ha actuado durante treinta y dos años en las plazas de Barcelona, arrancando a las cuadrillas, entre alegres pasodobles, y prodigando saludos, con su sombrero de plumas. Torres tiene en la actualidad, ochenta y dos años, edad de calendarios, pero no física, porque se encuentra disfrutando de buena salud este jerezano de nacimiento. Era peligroso aguantar actualmente, a los juguetones caballos, pero no ha dejado el contacto con la fiesta nacional y ahora actúa de acomodador, con la nueva gorra, con techo encarnado. Dejó al caballo, el sombrero con ondulantes plumas, los saludos de rigor y la entrega de orejas, pero sigue, y que continúe muchos años, en el castizo mundillo de la fiesta taurina.